La situación actual de la economía nacional resultará determinante en 2021, un año marcado por las elecciones de medio término.
El corriente año finaliza con serios desequilibrios económicos los que deberán ser atendidos en el corto plazo. El esfuerzo de contención que demandó la pandemia en un escenario de fuerte caída de actividad económica provocó un déficit fiscal extraordinario.
La emisión monetaria fue la única fuente de financiamiento posible dada las restricciones al financiamiento que enfrenta el país y la inexistencia de ahorros públicos. Esta no generó inconvenientes hasta que se duplicara la cantidad de pesos existentes a fines de 2019, a la vez las medidas y el discurso oficial generó una crisis de confianza en los tenedores de pesos.
La estatización de Vicentín, las tomas de tierras, nuevos impuestos, un presupuesto con un déficit difícil de financiar sin que medie un salto inflacionario y un ministro desconociendo la imperiosa necesidad de reducir el gasto, minaron la escasa credibilidad en las políticas del gobierno. A partir de entonces, todo peso emitido fue un peso no deseado, lo que genera la inevitable pérdida de reservas del banco central y, en la medida que este no abastece los dólares deseados, el surgimiento de la brecha cambiara.
El problema que enfrenta la economía es un déficit fiscal abultando combinado con una severa falta de confianza por parte de los tenedores de pesos. La solución debe resolver ambos problemas de manera conjunta.
La reducción del déficit en un país con la carga tributaria local debe lograrse exclusivamente vía reducción de los gastos. Parte de este mediante el recorte de las erogaciones extraordinarias que generó la pandemia (IFE, ATP, transferencias a provincias), otra parte mediante ajustes de tarifas y eficientización del gasto.
En un año electoral la adecuación del fisco enfrentará por lo menos dos desafíos: el convencimiento parte de las diferentes facciones del gobierno respecto de la imperiosa necesidad de este y el manejo de la ya delicada situación social.
Asimismo, la reversión de la confianza resulta vital. La experiencia del gobierno anterior comprobó como la reducción del déficit en un escenario de desconfianza provoca estancamiento económico y aceleración de la inflación.
Si bien el desafió es difícil, resulta fundamental que la dirigencia toda entienda que la opción al ajuste no es el dispendio sino un ajuste desordenado, el que afectará especialmente a los que tienen menos recursos para protegerse.